Etapas del duelo

El duelo, generalmente aplicado a la pérdida física de un ser allegado, hoy en día puede entenderse como una reacción emocional ante una circunstancia de ruptura, ya sea por el caso general, por la separación de una pareja sentimental o incluso la pérdida de un miembro o extremidad (miembro fantasma).

Este proceso atraviesa unas etapas bastante diferenciadas que introduce de golpe a quien sufre el duelo en una montaña rusa emocional, con extenuantes y peligrosos altibajos.

Nosotros nos centraremos en lo referido a una ruptura sentimental, pues a efectos psicológicos, resulta casi tan traumático como la propia muerte. Y digo esto porque la muerte en sí es un estado definitivo, mucho más fácil de asumir, mientras que lo que hace peligrar un adecuado duelo en temas amorosos es el temible y nada recomendable estado de esperanza: «¿y si todo ha sido un error?», «tal vez algún día nos demos cuenta de que debemos estar juntos». Estos pensamientos impiden avanzar a aquel que sufre la ruptura, dificultando aún más la posibilidad de superarlo.

Fases del duelo:

  1. Negación.
  2. Ira.
  3. Negociación.
  4. Depresión.
  5. Aceptación.

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1. Negación:

Durante esta etapa vienen a la mente frases como: «no me afecta», «no es posible que esto esté sucediendo» y «ya volverá». Estas ideas sirven de escudo y os alejan de la realidad, os ofrecen un estado ilusorio mucho más agradable. El “todo va bien” os permite evitar que vuestro mundo se derrumbe de forma tan repentina como habrá sido la ruptura.

En casos en los que la separación resultaba obvia, tal vez os saltéis este paso, pues en cierto modo ya os sentíais preparados para la ruptura y el choque de realidad no es tan drástico.


2. Ira:

Olvidáis la negación y empezáis a sentiros enfadados. Por vuestra ex-pareja, por vosotros mismos, por la circunstancia, por sus actos y palabras, por las vuestras… Recrimináis a diestro y siniestro el fin de vuestra relación. «¡Siempre sucede igual!», «¡no puedo fiarme de nadie!», «¡no se merece ni un solo pensamiento más!», «¿cómo me dejé convencer de ese modo?», y un sinfín de preguntas maliciosas y sin respuesta más.

Durante esta etapa cualquier pareja que veáis será vuestra enemiga, creeréis que han salido a pasear o a cenar solo por fastidiaros. No soportaréis ver películas románticas o, en su defecto, en alguna donde aparezca cualquier declaración de amor. Es decir, que no podréis ver ninguna, porque ni con las de acción o sangrientas estaréis a salvo: «¿en serio? Ahí están los protas, en mitad de una guerra y acaramelados, ¡es insoportable!».


3. Negociación:

Entonces, entre tanta rabia y frustración sentís la necesidad de un poco de tregua, y empezáis a negociar con vuestro interior y con vuestro destino.

Dejad paso a las mentiras…: «sí, discutíamos mucho, pero ¿no hacen eso todas las parejas?», «solo veré un par de fotos más, luego las borraré», «podríamos ser amigos, al menos hasta que inicie otra relación», «tan solo le preguntaré por cómo está, después seguiré con mi vida», «si me envías a otra persona, por favor, que sea la definitiva», «yo seré más tolerante si mi próxima pareja es más comunicativa», y un largo etcétera.

¿Por que nos hacemos esto? Porque necesitamos recuperar el control de la situación. Necesitamos saber que aún mandamos en nuestra vida, que no somos nervios con patas y seres únicamente emocionales, sino que también podemos aportar grandes cosas y conseguir otras aún mayores. La coraza que rodea el corazón es tan firme como vulnerable lo que guarda en su interior, nos sentimos tan perdidos que creemos que, ofreciendo algo obtendremos lo merecido a cambio.

Sin embargo, todo eso también es una ilusión, lo que al final nos hace más daño. Creemos que si no alcanzamos lo que pedimos, si no conseguimos lo que nos hemos propuesto durante esta fase, hemos fracasado de nuevo. Lo que nos lleva a la siguiente etapa.


4. Depresión:

Esta fase es la más peligrosa y, a su vez, necesaria. «¿A quién quiero engañar? Todo se ha vuelto tan duro…», es el momento más negativo del duelo y el imprescindible, pues durante el mismo descargamos todas las emociones que hemos ido oprimiendo y las que hemos creado durante el proceso de superación.

A diferencia de lo que se cree, no se debe animar a una persona durante esta fase, pues la empujaríamos a un estado nuevamente falso. Aquel que se encuentre en esta etapa debe llorar la pérdida y eliminar de su cuerpo todo lo negativo que esto conlleva; «siempre llorando, no tengo ganas de nada».

Si evitáis esta fase, el proceso estará incompleto y no llegaréis a superar la ruptura, al menos no de verdad. Sois vosotros los que, de forma voluntaria y natural, os esforzaréis por salir de esta fase. Y seréis vosotros quienes sintáis que yo no tenéis por qué seguir llorando.

Claro que nada es bueno en exceso. Si bien estar mal “está bien”, no salir de ese estado es preocupante. Cuidado con expresiones como: «no lo superaré nunca», «la vida ya no tiene sentido para mí», «no soy nada ya», «todo me da miedo», «jamás encontraré a alguien que me quiera»; la negatividad durante esta etapa es normal, primero debéis daros tiempo, pero si os veis incapaces de acabar con esta fase, acudid a un profesional. La actitud derrotista prolongada suele indicar que necesitáis ayuda para superarlo.


5. Aceptación:

Y al fin, la paz llega a vuestro estado emocional. De pronto, oiréis frases en vuestra cabeza como: «es algo natural, las parejas rompen», «fue alguien importante, pero mi vida sigue», «aunque duela, a veces el amor se acaba» y os sentiréis en calma después de tanto tiempo peleando con vosotros mismos.

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Aquellos cuya relación se caracterizó por su toxicidad, alcanzarán ideas como «debo admitir que ahora estoy mejor», «si no avanzo a su lado, no merece la pena» y, la más deseada de todas, «voy a quererme de nuevo». Porque sí, muchas veces, cuando estamos sumergidos en una relación, empezamos a olvidarnos de cómo éramos antes de empezar, el qué hizo que nos sintiéramos completos. Con el tiempo, de algún modo nos perdemos en el “nosotros” y damos de lado a nuestro “yo”. Una relación sana es aquella que permite ambos pronombres sin obligar al otro a deshacerse del suyo

Porque, recordad siempre esto que os digo: una pareja es la suma de dos individualidades, no la fusión de dos individuos.

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  1. #1 rubenita dijo:

    17 julio 2015 a las 11:12 pm

    Hola, interesante el tema de hoy, es dificil dejar de pensar, vienen una y otra vez los pensamientos.

    Algo que me resulta ( a veces) , es pensar en cualquier otra cosa, y sin darme cuenta olvide el primer pensamiento, pero no siempre funciona, hoy al menos no jajaja.

    algo que concuerdo es que no se debe iniciar ninguna relacion, ni siquiera una aventura, porque esas relaciones enmascaran la verdad, nos entusiasmamos si la cosa ” aparentemente va bien”, pero es pasajero, si va mal la cosa o termina mal, surje un efecto rebote y todo el dolor de la desilucion se suma al dolor que tuvimos con la persona que terminamos y se vuelve en nuestra contra y es peor, (esto me paso), tambien me paso que lo empece a sobre llevar, alcance el punto maximo de dicha, no pensaba en el, pero cai del cielo donde estaba, y tuve dos recaidas, (replicas del gran terremoto) donde senti que volvi al inicio del duelo y me he sentido muy mal estos dias.
    Ya tengo aceptada la situacion, se que no hay mas, por donde vea la cosa la unica solucion es seguir olvidando, a veces pienso que no lo lograre… eso me da miedo, y no se porque duele tanto si ya acepte que no existe la mas minima posibilidad….realmente murio la posibilidad, asi lo veo yo.

  2. #2 Elba Luna R. S. dijo:

    18 julio 2015 a las 3:35 am

    Muchas gracias por comentar, Rubenita.

    Efectivamente, surge el “efecto rebote”, porque hasta que mente y corazón no estén listos, lo que creas como superación será un reflejo de la necesidad de superarlo.
    De la misma forma te digo que las recaídas son normales, ¿y sabes qué las provocan? Los pensamientos, nada más. La etapa más difícil es la primera, una vez controlados, si algo te afecta, enseguida lo dejas fuera. Aunque no todos los baches son recaídas, tener unos días malos no debe hacerte pensar que debes comenzar de nuevo. Es solo “una mala época” totalmente controlable y superable.
    Lo más importante, sin embargo, es el tiempo. Puede sonar tópico, pero es cierto. No te desesperes. Hay veces que, por la necesidad de encontrarse bien, uno se obliga a estarlo y eso no funciona. Sí lo hace, como decía, introducir automensajes positivos: “lo superaré; mañana es una nueva oportunidad; todo pasará; soy más fuerte que nunca; me he levantado siempre, ahora no será menos”… Y lo que tú dices, pensar en otras cosas, mantenerte ocupada.
    Y de verdad que llega el día en el que dices: “por fin vuelvo a ser yo misma”. No te asustes si ese momento no llega hasta un largo periodo de tiempo después.

    ¡Mucho ánimo y fuerza! Sigue adelante, poco a poco :)

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