¿Tenemos un don?

Muchas personas me preguntan: «Elba, mis sueños suelen cumplirse, ¿es esto común? ¿Tengo un don?». La gran mayoría busca comprender por qué tienen esta capacidad cuando poco los une al mundo de los sueños, o eso creen al principio.

Recuerdo que, cuando era pequeña, solía soñar con ciertas cosas que, para una niña a la que nunca se le ha explicado qué son los sueños, no tenían mayor importancia. Y como era de esperar, algunos de ellos se hicieron recurrentes por el hecho de no haberlos analizado en su momento.

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Sin embargo, aunque pareciera estar al margen de todo, siempre he tenido cierta capacidad intuitiva y empática. Esto me llevaba a comprender lo que pensaban las personas incluso cuando ellas mismas no querían asumirlo, pocos podían ocultarme sus sentimientos. De vez en cuando, sabía cosas sin más y con total seguridad, no porque hubiera tenido una visión o lo hubiera soñado, sino que, simplemente, lo sabía.

Empecé a interesarme por los sueños cuando por casualidad le hablaba a mi madre sobre ellos y empezaba a ponerse nerviosa. Ella es muy escéptica. Al principio creí que me veía como una niña fantasiosa, pero luego me di cuenta de que en realidad tenía miedo de lo que pudiera llegar a soñar, porque sin saber yo nada de ciertos hechos ocurridos en la familia, soñaba con ellos de un modo absolutamente inocente. Ahora, ya adulta, soy consciente de todo ello.

Esa intuición y esos sueños se fueron intensificando, pero no les di la suficiente importancia hasta la muerte de mi padre. Antes de que sucediera, lo soñé, pero no fui capaz de relacionarlo hasta después. ¿Cómo iba a imaginarlo? Fue entonces cuando empecé a prestar más atención, fui desarrollando estas capacidades, intentando aplicar siempre un tono lógico y analítico.

Mis sueños suelen ser simbólicos. Híbridos, como me gusta llamarlos. Es decir, yo no veo con absoluta claridad lo que va a suceder (hay personas que sí), sin embargo, cuando despierto, que ese sueño en concreto es diferente, que debo interpretarlo como mensaje. Aquí la empatía vuelve a tomar su papel relevante.

Por ello os recomiendo que deis de lado esa necesidad de esclarecer si tenéis o no un don divino. Primero, introducíos en el mundo de los sueños, creo firmemente que por ahí es por donde uno debe comenzar; comprendiéndose a sí mismo.

Lo más útil es tomar sueños de la infancia que aún recordéis con nitidez, esos que sabéis que algo significaban, pero que jamás entendisteis. Leed mucho sobre la simbología, y sobre todo, sed críticos. Dad de lado el tópico de “soñar con X supone prosperidad”. ¿Prosperidad en qué? Esto no os aporta nada. Tomad los significados y encajadlos en vuestro contexto, relacionad unos con otros, usad los sentimientos… Compaginad lo absurdo con la lógica y hallaréis la respuesta más anhelada a vuestras preguntas.

¿Tenemos un don? Podría decirse que sí. ¿Por qué nosotros? Todos tenemos un destino en la vida que va forjándose a medida que tomamos decisiones y recorremos los caminos escogidos. Pero lo más importante, mucho más que el disponer de ciertos dones, es lo que acabemos haciendo con ellos.

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