Soñar con… Muebles

Soñé que caminaba por la calle y que encontré un edificio abandonado con la puerta abierta (de cristal con bordes de metal). Siempre he tenido la necesidad de investigar en esas situaciones, así que entro.

A mi izquierda, una entrada a una sala del edificio; en frente, otra que lleva a un salón. Avanzo y veo muebles tirados por los suelos, hay polvo por todas partes.

Vuelvo a la puerta. A mi derecha hay unas escaleras de caracol que dan a la parte alta, no hay bajada. Aun así, subo por las escaleras. Voy de la primera planta a la tercera directamente, la última de todas. Allí me encuentro todo tirado, con polvo y telarañas, como en la planta baja.

De pronto, tengo un flash: allí hay gente. En ningún momento pensé en quiénes serían o si me harían algo malo, así que entro en la sala sin miedo, valiente.

Estaban haciendo vídeos para un videoclip, de una canción o de pizza, no recuerdo realmente qué era, pero sé que había una mujer posando para grabarlo en una carpa blanca, el repartidor de pizzas rodaba o le hacía las fotos. Todo muy extraño, aunque en el sueño no me lo pareciese.

Después de unos segundos mirando, se me acerca la mujer, de unos treinta y pico. Hablamos durante un rato y me hizo prometer que no le diría a nadie que estaban allí.

No se lo prometí, ni siquiera hablé, solo salí corriendo. La mujer envió al repartidor a atraparme, ella también me persiguió. Sentí mucho miedo, parecía tan real que sentí cómo el corazón me latía muy rápido.

Bajé las escaleras corriendo, sin tropezarme. Iba a intentar escapar por la segunda planta, pero sabía que por ahí no habría salida, así que seguí corriendo. Me golpeé el hombro izquierdo al llegar a la puerta de la entrada, la de cristal. Intenté abrirla, pero estaba demasiado encajada. Vi cómo la mujer se acercaba a mí, así que me colé por un hueco pequeño de la puerta.

Al salir a la calle veo que apenas hay gente. Seguí corriendo hacia la derecha mientras la mujer me perseguía. Ahí acabó el sueño.

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No sé si habrás leído el artículo Procesar las ideas, pero en él se explica cómo funciona nuestro cerebro, desde que una idea nace o se implanta en el sistema, hasta que se procesa y el modo de hacerlo.

Así, cuando barajamos cualquier posibilidad, ésta se queda en nuestro subconsciente hasta que es atendida por el estado consciente, que es el momento en el que, mientras estamos despiertos, esa idea nos cruza la mente y, o bien la descartamos, o bien la asumimos como buena.

Cuando se afianza en nuestros pensamientos, toma forma. Puede que intentemos ignorarla, pero que, de algún modo, le demos fuerza. Así, estas ideas aparecerán en nuestros sueños a través de diferentes elementos. Uno de ellos son los muebles, que representan a aquellas que han logrado ocupar parte de nuestra cabeza, y por tanto, de nuestros pensamientos.

Para que resulte más fácil de entender, imagina que la idea “no me gusta mi pelo” se implanta un día en tu cabeza. Sueles ignorarla, pero a veces te miras al espejo casi sin darte cuenta y lo odias. Poco a poco, esa idea va tomando fuerza. Empiezas a mirar tu pelo en las fotos y a descartarlas porque no te parece lo suficientemente liso o lo suficientemente rubio (por decir algo).

Esa tendencia a sentirte molesta por tu pelo puede provocar que tu equilibrio se desmorone, así que intentas no volver a oír esa negatividad que hay en la frase “no me gusta mi pelo“.

Y logras no pensar en ello hasta tres años más tarde, cuando sientes que vuelves a recriminar el estado de tu cabellera. En su momento, esa idea anticuada que cierto peso obtuvo en tus pensamientos pudo haber tomado la forma de un mueble pesado y sucio, un estorbo. Mueble que ahora ves en tus sueños.

De nuevo, la casa en la que te introduces es tu estado de la consciencia, es tu yo interior. Y al entrar, te topas otra vez con esa idea que un día permitiste que fuera importante y de la que aún no te has deshecho.

Piensa en qué ha sucedido en tu vida que haya podido reactivar la idea de la que te hablo. Recuerda que no debe estar relacionada con el pelo, ya que esto es solo un ejemplo.

La persecución y el miedo es la representación posterior de tu propia reacción ante esa idea, ante la posibilidad de que ese mal hábito (pizza/comida rápida) vuelva a tu consciencia.

La puerta, al principio abierta y después encajada, representa primero ese miedo a que tus ideas vuelvan porque eres capaz de ver la consecuencia de permitirlo, de lo que sucederá si ese hábito vuelve a ti. Que al intentar huir te hagas daño en una parte específica de tu cuerpo también tiene su simbolismo, ya que los hombros representan las cargas o preocupaciones con las que tenemos que lidiar.

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