Procesar las ideas

Infinidad de ideas atraviesan nuestra mente día a día, pero no llegamos a ser conscientes de la mayoría de ellas. ¿Por qué sucede esto? Voy a explicaros qué proceso siguen estas pequeñas fugas de información y cómo o por qué llegan o no a nuestra reflexión lúcida.

Tomamos como base los niveles de la consciencia y recordamos que nos centramos en los tres primeros: consciente, subconsciente y supraconsciente.

Ideas

Las ideas surgen desde lo más profundo de nuestro ser como reflejo o respuesta de algo que hemos vivido o algo que nos ha hecho activar el proceso mismo. Como puede ser una imagen de un teclado: esto puede llevarnos a conectar con algún pensamiento oculto de querer escribir o expresar cómo nos sentimos; o tal vez, nos ronde la idea de ser escritores. Seguro que alguna vez habíais llegado a la conclusión de que ese deseo burbujeaba en vuestra mente, pero que nunca le prestasteis la suficiente atención. Pueden acudir a vuestras conversaciones frases como: «supongo que siempre he querido ser escritor, pero no lo había sabido hasta ahora».

Esto sucede porque ese deseo que nace de la supraconsciencia, primero alcanza el nivel de subconsciencia; es decir, intenta hacerse oír mientras vosotros centráis la consciencia en otros asuntos que tal vez os resulten más confortables. Cuando esta idea de «eh, que quiero escribir» no llega al estado lúcido, se manifiesta mientras dormís. Como se trata de una idea, de una conexión neuronal, no dispone de imágenes propias con las que comunicarse, por lo que toma los elementos que puede para expresarse. Para ello selecciona aquellos que guardan una mínima relación (a veces imperceptible) con lo que nos quiere decir. Aprender a reconocer los símbolos resulta primordial para que exista una fluida comunicación con el subconsciente.

Y de pronto, ya está en esa parte de vuestra cabeza, sois conscientes de que deseáis cumplir con esa idea. Es entonces cuando la maduráis e intentáis llevarla a cabo o descartarla.

Dado este proceso, se dice que la forma en la que nos hablamos a nosotros mismos nos afecta tanto en nuestra forma de vernos como en lo que soñamos. Por eso es importante perseguir los pensamientos positivos, ya que, introducir negativos en nuestro proceso de pensamiento puede llevarnos a creer que tales ideas son ciertas. Digamos que el desencadenante es inducido por nosotros mismos y, como idea que es, atraviesa los diferentes estados de la mente. Acaba por ser peligroso, pues es uno de los motivos que llevan a una persona al autosabotaje o a la depresión.

Desechad los pensamientos nocivos, no permitáis que entren en vuestros niveles de conciencia porque no son ideas reales, sino pequeños virus que pueden nublar vuestro juicio.

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  1. #1 David dijo:

    24 junio 2015 a las 1:33 am

    Muy interesante el artículo sobre la piedra de luna.
    Un saludo.

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