Las supersticiones más comunes, y las más raras

Supersticiones para todo:

Existe una gran cantidad de supersticiones por todo el mundo y todas tienen algo en común: algunas dan buena y otras mala suerte, pero esta última es la que hay que revertir lo antes posible. Parece lógico, ¿no?

Vamos con una selección de estos augurios. De algunos habéis oído hablar ya, de otros, no tanto. ¿Tenéis a punto vuestra curiosidad?

  • Vino.
  • Sal.
  • Heces de perro.
  • Bolso o cartera.
  • Número 13.
  • Gato negro.
  • Porcelana rota.
  • Ventiladores.
  • Tigeras.
  • Arañas.
  • Ventanas de brujas.
  • Chicles.
  • Velas.
  • Serpientes.
  • Barrer.
  • Silbar.
  • Tormenta.

Vino:

Manchar el mantel de vino no solo provocará un buen susto a todos los comensales —¿quién no intentaría evitar por todos los medios acabar con la ropa pringada?—; sino también, mala suerte para el que lo haya derramado.

Sin embargo, ésta puede evitarse si el patosillo se moja los dedos con el vino esparcido y se los lleva a la frente, manchándosela y diciendo al mismo tiempo con énfasis «¡alegría!».


Sal:

Ser algo torpe con el vino puede llevar a un gran estropicio, así que para los más comedidos también existe su propia versión de la mala suerte: derramar la sal.

Lo que hay que hacer cuando esto os ocurra es lanzar un poco por encima de vuestro hombro izquierdo, pero con cuidado, no vayáis a echársela a nadie encima que no ganamos para sustos.


Heces de perro:

Pisar un tierno zurullo oloroso de nuestros queridos mejores amigos pueden regalarnos tanto mala como buena suerte, esto dependerá de con qué mala (o buena) pata pongamos el pie sobre la cagarruta.

Por ello, aseguraos de pisarlas con el izquierdo. Eso sí, no os dediquéis a restregaros con cualquiera que encontréis por el suelo, este accidente programado no surte efecto si no es involuntario.


Bolso o cartera:

También se tiene la creencia de que si el bolso o la cartera acaban en el suelo, vais a perder dinero. Así que es mejor tenerlos bien agarrados, a buen recaudo, que no está el bolsillo para tanto roto.


Número 13:

¿Quién no ha temido alguna vez al martes o al viernes trece? Este número es el más respetado de la cultura occidental. Incluso en algunos sitios, este piso es “eliminado” de los edificios, es decir, no existe la planta treceava. Sin embargo, para el misticismo, este número es símbolo de gran poder.

En la cultura china, no es el 13, sino el 4 el número temido. La palabra que hace referencia al número en mandarín suena muy parecido a muerte, y al igual que los occidentales más supersticiosos, los chinos también prescinden de cualquier planta que contenga el número cuatro.

Es pensar en un arquitecto chino llevando a cabo la construcción de una torre de sesenta plantas en España e imaginar reacciones del tipo: «pues lo imaginaba más alto», o «¿a dónde ha ido a parar el 10% del edificio?».


Gato negro:

Los mininos también tienen su protagonismo en esta retahíla de supersticiones. Se dice que da mala suerte que un gato negro se atraviese en tu camino.

Si tiramos de animales, siempre podemos llevar una pata de conejo en el bolsillo, por si acaso algún felino se atreve a sorprendernos. Aunque son precisamente estos gatos los considerados símbolos mágicos para los que el número trece es poderoso.


Porcelana rota:

No os preocupéis si soléis romper la porcelana. Más allá de la bronca familiar, esto puede ser algo positivo. En ciertos países, se acumula un buen montón de menaje roto hasta el Año Nuevo, cuando la montaña es arrojada a las casas de los amigos y familiares para desearles prosperidad.

¡Qué majos todos! «¿Queréis suerte? ¡Ahí van mis platos!».


Ventiladores:

Para la gran mayoría, sobre todo para los que viven en un clima cálido, los ventiladores son bendiciones creadas por el ser humano. Sin embargo, en Corea despiertan los mayores temores, pues se dice que si duermen en una habitación cerrada con uno encendido, éste los matará.

Como para olvidarse de apagarlo, pesadilla asegurada.


Tijeras:

Desde pequeños se nos decía que no abriésemos y cerrásemos las tijeras sin cortar nada. A menudo se oía una frase de fondo que flotaba cohibida: «estás quitándole la vida a alguien que conoces».

No sé si habéis oído alguna vez la teoría de que todas las vidas humanas están conectadas por medio de hilos invisibles, los hilos de la vida. Todas las personas con las que te has relacionado tienen conectado su hilo a ti. Por ello se entiende que, si cortas el aire, puedes llegar a cortar uno de esos hilos y, por tanto, arrebatarle la vida a alguien.

Por contra, dejar unas tijeras bajo la almohada es sinónimo de protección contra los malos sueños, pues éstas cortarán las pesadillas del que las padece.


Arañas:

De siempre se me ha dicho que hay que dejar vivir a las arañas, pues gracias a sus redes, los mosquitos se quedan atrapados y pueden evitarse un gran número de irritantes picaduras. Por su parte, allá por Oriente, se creía que estos bichitos tenían la capacidad de controlar y apagar los incendios de las casas.

En cualquier caso, bien por unos o por otros, podemos decir que estos insectos gozan de cierto favor humano. Para que luego nos lo agradezcan con unos diminutos y nada molestos ronchones.

arana


Ventanas de brujas:

Una creencia bien curiosa que remataría al arquitecto chino del que hablábamos antes se basa en la colocación casi en diagonal de las ventanas de una habitación. Se decía que así las brujas no podían echar a volar desde estos marcos inclinados, por lo que las ahuyentaría del hogar.


Chicles:

No, no voy a hablaros de eso que se le decía a los niños de «si te tragas un chicle, te mueres». Existe una creencia turca que te lleva a evitar el chicle por la noche, porque si lo comes, éste se transformará en carne de gente muerta.

Todo un manjar, ¿no creéis? Y yo que creía que lo peor que podía pasarme era que se me quedara pegado en la parte alta del pelo…


Velas:

Existe una tradición muy extendida, la de soplar las velas de una tarta de cumpleaños. Primero se pide un deseo y luego, si queréis que os sea concedido, debéis apagarlas todas de una vez. ¡Qué presión cuando se supera el umbral de los veinticinco palitos! Desde luego, se necesitan buenos pulmones.


Serpientes:

Las serpientes pueden ser las mejores amigas de las mujeres embarazadas más impacientes. Existe la creencia de que, si al lanzar una serpiente muerta, ésta cae sobre sobre la espalda de la embarazada, su bebé será niña. Si no, debe esperar un varón en casa.


Barrer:

Las tareas del hogar a veces son fastidiosas, otras purificadoras, y otras…, otras hasta podrían llegar a ser peligrosas. Por ello, ni se os ocurra poneros a barrer por la noche, porque podríais provocar la muerte prematura de vuestra madre. O al menos eso se cree en Haití.


Silbar:

Según cantaba Pepito Grillo, si necesitáis su ayuda, solo tenéis que darle un silbidito. Aunque por vuestro propio bien, es recomendable que no necesitéis de él en lugares cerrados de Lituania, no al menos si no queréis provocar los mayores odios de la población.

Allí, silbar en interiores está prohibido, pues consideran que así es como se invocan los demonios que después los aterrorizarán por las noches.


Tormentas:

En las noches de tormenta, los niños japoneses no solo temen los ruidos de los truenos, sino también al dios que los provoca, pues se les dice que deben mantener su tripa tapada al irse a la cama para que éste no les robe su ombligo y se lo coma durante la tormenta.

En la niñez, todo es ternura, ¿eh?

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