La última pregunta

La última pregunta es un cuento de Isaac Asimov que puede ejemplificar el cuarto nivel de consciencia. Extraeré elementos principales de la historia para que podáis conocerla esencialmente.

«La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares.

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso —kilómetros y kilómetros de rostro— de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmirores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.

Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían».

Tras debates y reflexiones, Adell preguntó:

«—¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?

Multivac enmudeció. Los lentos resplandores oscuros cesaron, los clicks distantes de los transmisores terminaron. Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente. Aparecieron cinco palabras impresas: DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA».

Avanza la historia y otras tantas personas le hacen esa misma pregunta al súper ordenador y, aunque este fuese evolucionando junto con la tecnología y el conocimiento del universo y las mentes, siempre respondía de igual forma.

Poco a poco, toda materia del universo fue fundiéndose con la ahora denominada Cósmica AC, la última de las versiones del súper ordenador. Se alcanzó tal nivel de fusión que incluso el último hombre del espacio acabó formando parte de AC, pero antes de que eso sucediera,  formuló la pregunta una vez más. A lo que AC respondió nuevamente que aún no disponía de datos suficientes.

Entonces, la última mente se fundió y solo AC quedó en el hiperespacio. De pronto, el súper ordenador supo al fin la respuesta a aquella última pregunta, pues ya había reunido toda la información posible para revertir la dirección de la entropía.

«—¡Hágase la luz! —dijo. Y la luz se hizo».

Universo

Así acaba la historia que, sin duda, invita a la reflexión. ¿Qué conclusiones sacáis de este curioso cuento? Desde mi punto de vista es un claro ejemplo del estado de Inteligencia o saber divino de nuestra mente; pues se propone conectar con el conocimiento universal del todo. Asimismo, creo que refleja una idea bastante importante: muchas veces nos hacemos preguntas para las que creemos no tener respuesta, cuando es esta la que, camuflada de incógnita nos lleva a cuestionar una idea que sabemos cierta.

Esto es: ¿soy capaz de…? ¡Por supuesto! ¿Por qué dudamos de nuestras capacidades? Sí, la respuesta está en nuestro interior, somos nosotros ese universo en el que reina AC y cada aspecto de nosotros mismos es tan esencial que solo combinándolo en un todo podrá hallarse la ansiada respuesta a cualquiera de nuestras preguntas.

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