Cómo meditar

Existen varios tipos de meditación en función de lo que se persiga, pero nosotros partiremos de la idea de que no existe meditación si no se alcanza primero la relajación. Y por ello, quiero que toméis conciencia de algo antes de leer los pasos para aprender a meditar: la actividad en sí conlleva aprendizaje, por lo que no debemos abandonar si tan solo conseguimos estar unos minutos. Con la práctica, encontraremos el modo de alcanzar el estado por mucho más tiempo. Es crucial ser pacientes con vosotros mismos y confiar en las ventajas de la meditación.

Aprender a meditar:

Aquí tenéis las pautas a seguir que os recomienda Lo que dicen los sueños:

  1. Ambiente.
  2. Postura.
  3. Respiración.
  4. Liberación.
  5. Concentración.

1. Ambiente:

Antes de nada, lo más importante será sentirnos cómodos, tanto con nuestro entorno como con nosotros mismos. Vamos a tener en cuenta estos aspectos:

  • Iluminación: será la más adecuada para nosotros. Si nos resulta cómodo iluminar la habitación con velas, con luz natural o estar a oscuras, esto será lo que haremos.
  • Temperatura: es importante que no tengamos ni excesivo calor ni frío, una habitación donde podamos respirar sin sentirnos ahogados o donde corra una pequeña brisa sin llegar a ser viento será suficiente. En este punto es importante saber que el incienso (así como las velas, dependiendo de la cantidad que pongáis) a veces provoca el efecto contrario al deseado; dado que crean humo de forma constante abusar de ellos o usarlos en zonas no ventiladas hará que respiremos dióxido de carbono en lugar de oxígeno

incienso

  • Ropa: lo recomendable es usar algodón, aunque lo que resulta imprescindible es que llevemos ropa que no se clave en la cintura o la cadera, camisetas que no hagan sudar o incluso sujetadores (en el caso de las mujeres) que no os opriman el pecho. Nada de pantalones ajustados, zapatos u otros complementos (colgantes, pulseras…).
  • Superficie: colocaremos una esterilla o alfombra sobre el suelo. No os sentéis sobre colchones o sofás, debemos sentir la rectitud del suelo. Tampoco os situéis directamente sobre él o al poco rato os dolerá el cuerpo.

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  • Acústica: lo ideal sería que no tuvierais ruido a vuestro alrededor, pero sé que la mayoría de las veces esto se escapa de nuestro control. Existe música oriental que os ayudará sobremanera en la meditación, tanto instrumental como cantada. Personalmente es la que más me ayuda. La reproducción de sonidos de la naturaleza también os puede ser útil, aunque si lo que necesitáis es silencio, os recomiendo echar mano de unos tapones de silicona para conseguir mayor aislamiento.

2. Postura:

La postura durante la meditación condicionará el primer punto, pues una mala posición nos hará sentir incómodos y doloridos.

Una vez preparado el entorno, nos sentaremos sobre la esterilla o alfombra. La cadera debe estar abierta, así como los muslos. Nuestro objetivo será formar un triángulo equilátero, donde rodillas y tronco serán los puntos de unión del mismo. Por ello, flexionaremos las rodillas y recogeremos la parte inferior de las piernas. De forma natural, colocaremos un pie y después otro al recoger las extremidades, pero también podemos situar el tobillo izquierdo sobre la rodilla derecha y viceversa, todo ello siempre con la inclinación del talón hacia arriba.

La espalda la mantendremos en un ángulo de 90º y las manos descansarán sobre las rodillas con las palmas hacia arriba. Cerraremos los ojos con suavidad, sin llegar a apretarlos.

El cuerpo debe sentirse cómodo y relajado, liberad cualquier tensión que sintáis en hombros y cuello. Este, por cierto, debe seguir la línea de la espalda.


3. Respiración:

Una vez hallada la postura que os haga estar más a gusto, daremos paso a controlar la respiración.

Las inspiraciones (siempre por la nariz) serán largas y descansadas, retendremos el aire de tres a cinco segundos y después lo expulsaremos (por la boca) del mismo modo, muy despacio y con control. Debemos sentir cómo se infla el diafragma con cada inhalación y cómo se vacía en la exhalación.

Mantendremos el control de la respiración concentrándonos en ella, y cuando nos sintamos totalmente relajados, podremos pasar al siguiente punto.


4. Liberación:

Eliminado el estrés de nuestro cuerpo, es el momento de liberar nuestra mente. Esto no quiere decir que la dejemos pensar, sino todo lo contrario. Se trata de eliminar todo pensamiento que acuda a ella, es decir, mantener la mente en blanco.

Para esto será de ayuda la música que oigáis de fondo o que visualicéis aquello que os ayude. Por ejemplo, imaginar literalmente una hoja en blanco puede hacer que consigáis no pensar en nada, tan solo en dicha hoja. Pero recordad que es una medida de control, cuando penséis únicamente en ese papel, podréis eliminarlo a él también.

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5. Concentración:

Hasta aquí podéis ver lo mucho que os ha ayudado meditar: os ha hecho sentir en consonancia con vuestro entorno y vuestro cuerpo, habéis conseguido relajar los músculos, mantenéis una respiración serena y óptima, y vuestra cabeza ha conseguido eliminar cualquier pensamiento. Nuestra mente es como una habitación en la que las ideas campan a sus anchas, alborotándonos el cuerpo y las energías. Llegar a borrar todo ese caos ya supondrá un grandísimo aporte para vuestro equilibrio personal y vuestra visión del mundo.

Tras ser capaces de liberar el exceso de pensamientos y energías, es el momento de introducir lo que queramos conseguir.

Si hablamos de los mantras, cantar el que le corresponde a cada chakra facilitará la conexión con el mismo. Para la interpretación de sueños, intentaremos conectar con el sexto por medio del mantra Ksham. Nos centraremos exclusivamente en él.

chakras

Si lo que queremos es introducir una convicción en nuestra cabeza, como por ejemplo, refuerzos positivos, lo que haremos será, al igual que con el mantra, centrarnos en la frase que queráis hacer vuestra. Así podrían introducirse ideas positivas como «soy capaz de superarlo» en cuestiones de ruptura sentimental, o convicciones para eliminar miedos como «no es real», para acabar con las pesadillas. Esto puede extrapolarse a todo aquello que queramos introducir en nuestro proceso de pensamiento.

También nos será útil cuando queramos lograr algo en concreto. Imaginad que tenéis una prueba al día siguiente y necesitáis hacer un giro perfecto. Lo que deberíais hacer es visualizaros a vosotros mismos haciéndolo. No tropezando ni intentándolo, haciéndolo tal y como lo queréis hacer. Al mismo tiempo podéis murmurar: «haré un giro perfecto».

Os aconsejo que comencéis por cosas pequeñas, objetivos a corto plazo si no inmediatos, y a medida que os hagáis con mayor control en la meditación, invocar sucesos más transcendentales. Tened en cuenta que a mayor importancia, mayor es la cantidad de energía empleada para ello y mayor capacidad para dirigir en tal dirección dicho pensamiento necesitaréis.

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