Aprender a recordar los sueños

Nada más despertar…

Para aprender a recordar los sueños es importante confiar en la capacidad de nuestra mente. Antes de que las imágenes de vuestro cerebro se borren, retenedlas tanto tiempo como podáis. Conforme pasen los minutos, más probable será que olvidéis lo sucedido en vuestro sueño. Los detalles se volverán borrosos y las palabras clave que tan claras se repetían una y otra vez parecerán lejanas e imposibles de alcanzar. Si no queréis que esto os ocurra, guardad una pequeña libreta en vuestra mesita de noche, así podréis anotar lo que recordáis nada más despertar.

Anotar

Esta es una práctica muy útil, pero para aquellos a quienes os da pereza encender la luz y escribir u os hayáis dejado la libreta en la habitación contigua, tenéis una segunda opción. No os mováis, ni un solo músculo, y regodeaos en el sueño. Pensad en los puntos importantes, como los elementos que narran los sueños, y respondeos a esas preguntas: qué se repite, qué siento, qué sé, qué llama mi atención y quién me acompaña. Insisto en que estas cuestiones deben al menos plantearse al momento de despertar, pues es cuando más información retenemos, detalles que iremos perdiendo conforme aterrizamos más y más en la realidad.

¿Para quién es esto útil?

  1. Para las personas que quieran adquirir la competencia.
  2. Para aquellos que no recuerdan qué sueñan.

1. Para las personas que quieran adquirir la competencia:

Aquellos que quieran ser capaces de entender uno de los aspectos más intrigantes de sus mentes, apuntar siempre que se pueda (y apetezca) qué se sueña y bajo la lente de los elementos clave supondrá un conocimiento creciente de sí mismos, por lo que les resultará más fácil identificar símbolos propios que no tendrán que volver a analizar. Por ejemplo, la identificación de los personajes con los que sueñan. ¿Qué representan en realidad? Por lo general, estos personajes desempeñarán el mismo papel en la mayoría de los sueños. O tal vez no, es cuestión de practicar para diferenciarlos correctamente.


2. Para aquellos que no recuerdan qué sueñan:

Esto le sucede a una cantidad de gente importante, pero no es más que el interés que se tenga en recordarlos o no. Hay veces que algunos impactan tanto que se despiertan en medio de una helada y descubren que solo fue una “pesadilla” o, sencillamente, pasan sus días pesando: «anoche no soñé nada».

Y por esto mismo, la costumbre propuesta de prestar atención permite que poco a poco vayamos recuperando datos de los sueños. Todo el mundo sueña, e incluso tiene varios sueños durante el descanso, solo que es habitual recordar uno o dos como mucho. Y no siempre, esto tampoco debe agobiarnos. Uno de los motivos que nos lleva a no rememorar lo soñado es el cansancio: si entramos en las fases de desconexión mentalmente exhaustos, es muy posible que nuestro sueño sea tan profundo como lejano. Pero todo es comenzar con alguno (aunque sea de la infancia), leer sobre ellos e intentar grabarse las imágenes en la mente. Veréis que, de pronto, se volverá habitual. Y para ello, os puede servir de ayuda el post sobre La piedra de luna.

Quizás, lo más importante de todo es no descartar un sueño porque no se comprenda o parezca irrelevante o ilógico. Pasad por Tipos de sueños para saber más sobre ellos y aprender a diferenciarlos.

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